COMADRONAS ANTE LA DECISIÓN: ¿QUÉ CAMINO ES EL MEJOR?
Publicado en la revista Obstare, Noviembre 2004
Por: Carina López Ballester, Mireia Marcos Marcos.
Introducción
Ante esta situación, algunos profesionales arraigados cómodamente a sus estatus y privilegios se sienten ofendidos. Con reticencias y malos rollos hacia el resto emprenden una batalla contra los propios compañeros de profesión que oculta la actual necesidad de cambio.
En primer lugar, sería importante reconocer, siendo lo más objetivos y críticos posible, que la actual situación de nuestra profesión es precaria: carecemos de voz y voto dentro de nuestro colectivo y, por lo tanto, no nos podemos considerar profesionales independientes que tienen un deber para con las mujeres, la familia y la comunidad, aunque muchas de nosotras no lo crean así.
Esta precariedad en la profesión se va arrastrando desde hace muchos años. Aunque algunas sepan lo que ha ocurrido en los últimos 40 años en España, muchas, por acción u omisión han, colaborado en que esto ocurriera. Otras han luchado en vano, y algunas, incluso, han ganado pequeñas batallas.
Pero si comparamos el desarrollo de nuestra profesión con el de Europa, podemos claramente llegar a la conclusión de que se necesita un cambio. Hemos perdido mucho terreno frente a la profesión médica; bien por comodidad o por ignorancia, nos hemos convertido en la subordinada del médico que no puede tener responsabilidades ni tomar decisiones. Para ejercer una profesión, en el amplio sentido de la palabra, debemos empezar por la raíz, la Educación.
Todo el mundo tiene claro que en España no eres “comadrona” o “matrona”; eres enfermera especialista en ginecología y obstetricia, no siendo en el resto de Europa, donde en la mayoría de países se ha visto que no se necesita ser diplomada de enfermería para ser matrona. Aunque estamos de acuerdo en que la matrona necesita una base de enfermería, no significa necesariamente que haya de estudiar tres años de enfermería.
El problema es que en España estamos afectados de "titulitis", y parece ser que de cuantos más títulos dispongamos en nuestro currículum, mejor, aunque nunca hagamos uso de ellos. Y que tengamos más títulos que cualquier comadrona europea es un espejismo, ya que seguimos siendo una especialidad frente a su licenciatura de comadrona, y en la práctica ellas son más respetadas por el público en general como profesionales independientes que en España, donde seguimos siendo dependientes de otros colectivos.
Para ser conscientes de la situación de nuestra profesión, el primer paso es la autorreflexión; cada uno debe mirar en su interior, pensar y decir realmente dónde estamos ahora como profesionales, sin miedos ni tapujos. Algunas preguntas que pueden ayudar son: ¿Puedo tomar decisiones?, ¿Quiénes son los responsables de mi trabajo?, ¿Tengo personas a mi cargo?, ¿Es la mujer mi responsabilidad?, ¿Debo hacer algo simplemente porque el médico me lo haya dicho aunque sepa que no es lo correcto o está en contra de los deseos de la mujer?
Por otra parte, debemos mirar un poco más allá. Vivimos en una sociedad que nos influye y a la que influimos; pensemos en cómo nuestra situación ha sido el resultado de esta influencia y cómo actualmente afecta a la comunidad, a la sociedad en general, a la cultura…
En primer lugar podemos ver que bajo la influencia machista de la dictadura de Franco, el papel de la mujer como profesional casi se extinguió, pasando a ser la ayudante de otros profesionales o simplemente un ama de casa dedicada a la familia. En esta época, la figura del hombre profesional y paternalista adquirió importancia, quitándosela a la mujer como profesional y como cliente, que pasó a ser sumisa y obediente. Esto afectó al concepto que la sociedad tiene de las matronas. No estamos definidas como profesión; con esto me refiero a que muy pocas personas sabrían definir qué es una matrona y cuáles son sus funciones, y esto influye en el valor sociocultural que se nos da, sobre todo, por parte del colectivo femenino.
La mayoría de las matronas o comadronas españolas están subordinadas al médico y como un parche dentro de las enfermeras, sin unión, sin representación sindical, sin colegio de matronas, sin sociedades científicas de matronas, las cuales se supone que investigan, ayudan, aconsejan y definen lo que es mejor para la sociedad, escalándolo a través de la Organización Colegial de Enfermería para así poder llegar a los Ministerios de Sanidad y Educación. Actualmente, nuestra profesión es algo no definido propiamente dentro de un sistema de salud totalmente jerarquizado.
Permitiendo que otros profesionales decidan por nosotras estamos contribuyendo al freno de la evolución de nuestra profesión. Deberíamos ser nosotras, y no otros, quienes nos representáramos para tomar decisiones que conciernen y afectan a nuestra propia profesión, como por ejemplo:
- Definir la función y el rol de la matrona.
- Ofrecer continuidad de cuidado de la mujer durante todo el embarazo, parto y puerperio.
- Contemplar la dualidad de formación, bien después de estudiar enfermería (como hasta ahora) o bien a través del acceso directo a los estudios de matrona sin pasar por enfermería.
- Calcular el número de matronas que se necesitan en los centros de salud y hospitales, así como el de matronas comunitarias para ofertar un número adecuado de plazas universitarias para cubrir esa demanda.
Para conseguir esto, nuestra unión es imprescindible.
Cómo hemos llegado a esta situación:
No es coincidencia que después de unos 200 años de progresiva invasión de nuestro oficio por parte del colectivo médico, de pronto a la comadrona, profesional independiente durante milenios, se la pasara a considerar una ayudante del médico, con un rol equiparable al de la enfermera. No es que la comadrona de repente dejara de estar capacitada para atender el parto, sino que en la posguerra, el rol de la mujer fue redefinido como el de la ama de casa sumisa; la máxima aspiración de una mujer pasó a ser la de ser ayudante de un médico, un hombre con su prestigio y su autoridad. Sólo hay que mirar cualquier película española de la época... Ahora vemos las cosas de otra manera, pero ha quedado huella de una gran falta de espíritu crítico por parte del colectivo femenino. Las mujeres españolas históricamente siempre han sido luchadoras, fuertes y trabajadoras. Sin embargo, en los años 50 y 60 parece que nos quedamos venidas a menos. Los medios de comunicación influyeron creando unos ideales de la feminidad muy americanos, esas películas de Marylin Monroe... qué decir. Todo esto viene para explicar que tanto las comadronas como las madres fueron influidas por este nuevo panorama en el que, sobre todo, la llegada de la tecnología al sistema sanitario fue decisiva.
La comadrona ya no podía seguir atendiendo el parto en casa si las madres sabían que en el hospital tendrían analgesia y médicos, esas fascinantes criaturas divinas que salvan la vida y que lo arreglan todo. ¿Qué mujer en sus cabales iba a parir en casa habiendo hospitales? El parto nunca había dolido tanto como cuando llegaron los calmantes al mercado, y este hecho notorio ha sido observado por muchos autores, como Grantly Dick Read, que posteriormente desarrolló sus teorías sobre el parto sin dolor. Según Margaret Yerby, lo que atrajo a las mujeres a parir al hospital parecía ser la seguridad y la analgesia, pero en realidad era una razón social, el estatus de la madre que paría con doctores versus la madre pobre que paría en casa como los animales. El hecho de que las clases altas ya hacía generaciones que parían con médicos, pintaba la idea de parir como una reina o una condesa, pero por la seguridad social.
Cualquiera que haya trabajado en un hospital sabrá cómo son las personas mayores frente a la bata blanca; al parecer, toda aquella generación estaba fascinada por la autoridad médica. "Tendrás la mejor atención posible porque te atenderá un médico", se decía. Y si tu vecina había parido en el hospital, ¿cómo ibas a quedarte tú a parir en casa? ¡Qué vergüenza! Y qué atractivas aquellas mujeres que contaban su historia: "¡Si no fuera por el Dr. Tal no lo contaba!". (Todavía sucede esto, ahora está de moda que te atienda el mismo ginecólogo de la Infanta). Lo que movió a las madres fue más un cambio social que una necesidad. Las comadronas empezaron a trabajar en los hospitales y necesitaron aprender tecnología, protocolos, y, por supuesto, asumir un rol inferior al del médico. Fascinadas por la ciencia, las comadronas dejaron de atender partos fisiológicos progresivamente y participaron en la medicalización del parto sin criterio. Se olvidaron de que dar a luz es un proceso natural, de que las mujeres paren de pie o en cuclillas y se pasaron al modelo de Luis XIV, poniendo a la mujer boca arriba y sujeta (estilo reina), perdiendo toda capacidad de parir sin la ayuda de la medicina moderna.
¿Por qué fue tan fácil? A otros países también llegó la tecnología, pero las comadronas se agruparon a tiempo, y también las madres, para parar los pies a la máquina obstétrica. Así, en países como Alemania, Noruega, Finlandia, Reino Unido y Holanda, las comadronas nunca perdieron su rol. También hay que admitir que la reputación del oficio de comadrona siempre ha sido bastante mala es España, pero casi tan mala o peor era en Inglaterra y eso no impidió que levantaran cabeza.
Sin embargo, en España fuimos absorbidas, asimiladas por el sistema con una facilidad de espanto. Ya en 1957 se había unificado la formación de ATS, y las matronas tenían que ser enfermeras previamente, creando el cambio de las matronas "puras" a las ATS que hacían un curso de un año para ser matronas. El colectivo se unificó para que se nivelara la titulación entre matronas y ATS especializada. Sin embargo, veinte años después, no habría mucha unión de las matronas, y poca gente alzó la voz (sin ser oída), cuando en 1977 se unificaron las matronas y las enfermeras en una sola carrera universitaria. La falta de una organización de apoyo o de colegio profesional fue decisiva. De hecho, había colegio de matronas, y con la "unificación" se procedió a su clausura definitiva. Las matronas empezaron a asociarse por comunidades de forma privada, surgiendo las asociaciones de matronas: Asociación Nacional de Matronas, con sede en Madrid; Associació Catalana de Llevadores, Asociación Navarra de Matronas y así sucesivamente.
Algunas comadronas se rebelaron e intentaron impedirlo, incluso encerrándose físicamente en las instalaciones del colegio como protesta. Pero entonces respondieron con órdenes judiciales, se procedió a la clausura y se las ignoró completamente. En 1986 se interrumpió la formación de matronas (¿por qué?). El paso siguiente hubiera sido la prohibición de la profesión de comadrona, algo que en Estados Unidos sucedió en realidad. Quizás como nadie se dio cuenta de que existíamos, no se molestaron en proscribirnos.
Curiosamente se trataba de una unificación, pero en realidad fue una anulación. Sólo la enfermería sobrevivió. Y el colectivo médico no parecía muy molesto con que desaparecieran las matronas. Es más, empezaron a aparecer hornadas de estudiantes de ginecología, se abrieron plazas y más plazas de residentes para rellenar el hueco dejado por las matronas. El parto ya no era asunto de la matrona, ahora era una enfermera más. La matrona ya no tenía voz ni voto. Tampoco la responsabilidad sobre la mujer y el bebé. Y el colectivo médico empezó a hacer buen dinero de un aspecto de la vida humana que había ignorado durante cientos de años (Towler, 1997), ahora totalmente bajo su poder. Más puestos de trabajo y más actos quirúrgicos para ellos, y la mujer, desgraciadamente, quedó relegada al último eslabón; la mujer dejó de parir y empezó a ser parida.
En esos años, en España no era fácil levantar la voz, y menos para un colectivo mayoritariamente femenino. Los 40 años de dictadura dejaron huella, y quizás ésa sea la diferencia con otros países europeos. Sin embargo, en 1977 Franco ya estaba muerto y enterrado y, aún así, no se hizo nada.
Cuando se habla de que descendió la mortalidad perinatal, tanto de madres como de bebés, tradicionalmente se ha atribuido al traslado al hospital del evento. Sin embargo, estudios posteriores han revelado que la mortalidad y morbilidad ya habían descendido antes de que se implantara el parto hospitalario, no sólo debido a la aparición de antibióticos (penicilina) y anestésicos, sino sobre todo a la mejora de higiene y alimentación y salud pública una vez superada la posguerra. Algunos libros incluso comentan un ligero aumento de morbilidad y mortalidad en los inicios de la práctica hospitalaria debido al abuso de tecnología, infecciones nosocomiales y experimentación sobre la marcha, que fue remitiendo poco a poco pero trayendo consigo un aumento de la intervención quirúrgica.
Era muy normal que la comadrona de los años 60 - 70 se sintiera atraída por el hospital y creyera en el progreso de la medicina. El progreso fue real, y se han desarrollado métodos muy eficaces, como la monitorización del latido fetal, la mejora en la técnica de intervención por cesárea para actuar en las situaciones de alto riesgo y emergencia y el avance en el uso de anestésicos. Sin embargo, el parto natural, que no necesita todas esas maravillosas intervenciones, quedó olvidado. Pocas comadronas continuaron con el oficio, y sólo en algunas áreas rurales. Se pasó al concepto de que ningún parto es normal hasta después del evento, y entonces no se da la oportunidad de que lo pueda llegar a ser. También se difundió la idea de que ya ninguna mujer estaba capacitada para soportar el terrible dolor de un parto, sin explicar (ni seguramente entender) que era la oxitocina sintética y la inmovilidad lo que hacía el dolor insoportable en la mayoría de los casos. Y como un círculo vicioso, como ya ningún parto es natural, sería impensable dejar a una mujer parir sin intervenciones. Ya no sabemos cómo se hacía eso de mirar y esperar, hasta el punto de que muchas matronas de este siglo no han visto coronar y salir el bebé sin intervención (sin intervención significa sin tocar, si cortar, sin poner líquidos antisépticos, sin apretarle la barriga, sin decirle a la mujer que empuje, etc.) y sin desgarros en toda su carrera profesional. Es triste.
La pasividad de nuestro colectivo se puso en evidencia de nuevo cuando, tras una década sin escuela de matronas, pese a personas aisladas que habían denunciado la situación pero nunca uniéndose unas con otras, la especialidad de enfermera especializada en ginecología y obstetricia fue abierta de nuevo porque a España le salía más caro pagar la multa a la Comunidad Europea por no tener formación de comadronas (1992-1993). Podemos sentirnos avergonzadas en este momento de nuestra historia, aunque trajo alguna esperanza a la supervivencia de nuestra profesión.
En 1991 se celebró el I Congreso Internacional de las Sages Femmes en Bruselas. Se presentaron los planes de formación de comadronas de cada país europeo, y España quedó en ridículo exponiendo un panel desolado. Aquello fue la revolución: comadronas y mujeres sabias de toda Europa emprendieron una campaña de recogida de firmas para apoyar a las españolas, se llevó el caso al Parlamento Europeo, y España recibió una multa considerable a pagar si no se abría la escuela de comadronas. Así fue como en 1992 salió el proyecto de formación de matronas respaldado por la ley. En Cataluña, el proyecto se puso en práctica en 1992, pero en Madrid no lo tuvieron preparado hasta el 1994, así que no permitieron que los catalanes empezaran antes. Es más, el Institut Català de la Salut no quiso saber nada de la formación de matronas, y las catalanas tuvieron que solicitar a la Universidad de Barcelona que les proporcionara la formación. Por suerte aceptó, y así resulta que Cataluña es la primera comunidad autónoma donde la especialidad es responsabilidad de la Universidad, y donde se mantienen las plazas cada año y van en aumento, en lugar de cada 2 años, como en Madrid y otras comunidades.
A pesar de que han pasado diez años desde la creación de la especialidad, el número de plazas ofertadas es miserable y para nada acorde con las necesidades del país. Es triste que en España se formen alrededor de 200 matronas anualmente y que en otros países europeos como Inglaterra salgamos casi 100 españolas tituladas cada año, y no porque sea atractiva la cultura inglesa, sino porque no pueden formarse en su propio país. Imaginad por un momento la cantidad de aspirantes a comadrona que hay en España, no necesariamente enfermeras, que no pueden ni entrar por el EIR ni tampoco ir al extranjero a hacerlo. Es insuficiente.
Sabemos que algunas profesionales están luchando por el aumento del número de plazas (y es admirable), pero siguen sin unirse unas con otras, seguimos dando palos de ciego y, sobre todo, palos unas a otras. No se puede aceptar el no del colectivo médico una y otra vez. ¡Necesitamos unión para hacernos oír!
Europa y las Comadronas
Actualmente estamos viendo cómo en otros países se practica el parto natural y en casa en una sociedad avanzada tecnológicamente, en países que no han sufrido 40 años de dictadura y retraso y en los que el progreso ha fluido a la par con la sociedad. ¿Cómo puede ser si en España casi todos los partos son tratados como de alto riesgo ya que requieren la presencia de un médico? De aquí salen dos prototipos de comadrona.
Primero: la comadrona que ha evolucionado a través de la historia y que posee unos métodos y conocimientos que le permiten ser el profesional líder en la atención al embarazo, parto y postparto normal, y que sabe y decide cuándo debe involucrar a otros profesionales en el cuidado de la mujer y el niño, reconociendo el desvío de la normalidad. Esto coincide con la definición por la International Confederation of Midwives. Esta comadrona no es enfermera, aunque puede haber estudiado enfermería en el pasado o no, entiende el parto como un evento natural y cree en la capacidad de la mujer para hacerlo; ella observa, sólo interviene cuando es necesario y sabe que si da apoyo a la mujer y la ayuda a creer en su capacidad no necesitará analgesia a menos que ocurra algo anormal. Sabe cómo defender a la mujer ante otros profesionales porque tiene los conocimientos para ello.
Segundo: la matrona que se ha quedado atascada en el rol de la enfermera, sin ninguna organización profesional propia, considerada enfermera especializada, ayudante del médico y subordinada, de la que no se espera que sepa manejar un parto normal y que no entiende la mayoría de procedimientos que hace rutinariamente porque no existe evidencia científica que apoyen dichos procedimientos. Simplemente le han explicado que lo haga así y es cosa suya si quiere leer artículos y buscar información. Esta matrona lucha en su pequeño dominio por ayudar a las mujeres en el traumático evento del parto, se siente altruista pues es elección suya ser amable o no e intentar que tengan menos dolor y que paran más rápido para que se acabe antes el mal rato. Ve el dolor del parto como algo de lo que hay que deshacerse, algo negativo. Tiene una visión limitada de sus posibilidades porque se encuentra sola e impotente ante un sistema medicalizado. Esta descripción se contradice totalmente con la definición de comadrona de la International Confederation of Midwives.
Ambas son buenas profesionales, y la gran diferencia es la formación que han recibido y la situación social y laboral de su profesión. No se puede culpar a nadie por no saber lo que no le han enseñado. Tampoco por creer en el sistema en el que se trabaja. Es normal continuar con lo que se hace si no se ha visto nada diferente. Es común la idea de que la obstetricia en España es bastante normal (excepto salvajadas como el Kristeller y los tactos en grupo que asustan y ponen la piel de gallina a cualquier ser humano con sensibilidad que los presencie) hasta que se compara con la de otros países, como Inglaterra, y se ve cómo las mujeres pueden parir sin medicina ni intervenciones aun estando en el hospital. Queremos aclarar que en el Reino Unido no es todo perfecto, pero sí mejor en comparación con España. Y que eso no debería ser motivo de rechazo, sino al contrario, de alegría porque otros lo han hecho y podemos imitarles. ¡Tenemos la prueba de que es posible! Os invitamos a venir y verlo. En estos países, las comadronas no están subordinadas al médico, son profesionales responsables de sus actos, que toman decisiones en el tipo de cuidado que ofrecen y que tienen un deber de protección para con la mujer y la familia. Tienen poder como colectivo porque existe un colegio profesional que las defiende contra viento y marea. Al ver que existe otra forma de hacer las cosas, algunas profesionales nos hemos interesado por sistemas aún mejores, como el holandés o el alemán, con la esperanza de algún día poder cambiar el sistema de cuidado de la mujer embarazada en España.
La intención de este documento es aportar una visión positiva de nuestra profesión, mirándonos en el espejo del futuro y partiendo de la situación real en la que ahora nos encontramos. Allá donde la comadrona ha mantenido su poder como colectivo, la atención a la mujer es de mayor calidad, basada en evidencia científica y eficaz, yendo los niveles de satisfacción parejos con los de salud y calidad de vida. Si las comadronas españolas nos planteamos nuestro rol ahora y estamos dispuestas a asumir el control de nuestro colectivo, la consecuencia última a largo plazo será una mejora en la atención a la mujer (en la adolescencia, en el embarazo, el parto, puerperio y menopausia) y en la calidad de nacimiento de los bebés que no tardará en verse reflejado en la sociedad, mejorándola en general. Si no lo hacemos nosotras, alguien más lo tendrá que hacer, puesto que las mujeres españolas están empezando a despertar del estupor femenino del siglo veinte —como por ejemplo las mujeres integrantes de la Asociación “El Parto es Nuestro”—, y no van a tolerar en el futuro las injusticias que hoy soportan sin rechistar. O cambiamos o nos quedamos atrás.
Propuestas de Cambio
En primer lugar, habría que crear una red de contacto entre todas y cada una de las organizaciones de matronas o comadronas españolas. Se debería tener en cuenta la opinión de cada profesional, ya que cada una de nosotras tiene igual derecho como colegiada.
Deberíamos poner en común los objetivos como colectivo, clarificarlos y concretarlos al máximo en actividades a corto y largo plazo. Entonces, podríamos presentar un plan de acción para mejorar la situación actual en la dirección en la que hayamos encontrado los puntos en común. No consistiría en hacer una votación de entrada, sino en una exposición de diferentes visiones y un debate en mesa redonda. ¿Cómo se va a hacer una votación si todavía no está definido qué habría que votar? Hay muchas cosas importantes que estudiar para realizar un buen proyecto.
El plan de acción diseñado debe comprender un nuevo proyecto de ley que declare a nuestro colectivo como profesional independiente si eso es lo que desea la mayoría. Primero habría que redactar unos informes que justifiquen los motivos por los que se desea la independencia de la comadrona, en qué beneficiaría a la sociedad, al progreso y a la ciencia, y se debería presentar a las sociedades científicas que traten sobre las matronas; en el caso de que no existiera esta sociedad, convendría su creación como proyecto científico. Las comadronas emancipadas llevarían a cabo sus propios proyectos de investigación, independientes del resto de profesiones y destinados a mejorar la calidad de los servicios de maternidad y a propulsar la profesión.
Después, con las conclusiones del proyecto científico, la sociedad científica debería redactar el Proyecto, el cual a través de la Organización Colegial de Enfermería llegaría a los Ministerios de Sanidad y Educación para la posterior generación de la Ley o Decreto de exclusión.
En el Proyecto desarrollado se incluiría una definición del rol de la comadrona, para la cual se deberá llegar a un consenso sobre cuáles son las actividades que puede llevar a cabo, sus competencias y sus limitaciones. Esta definición debería ser acorde con la de la Confederación Internacional de Comadronas de 1992, adoptada por la OMS el mismo año. También se redactaría un código de conducta profesional específico para nuestra profesión. La creación de una revista de comadronas sería un paso clave para mantenernos comunicadas y poner en común los avances, así como base de apoyo para la sociedad científica, siendo el medio donde publicar la investigación exclusiva de nuestro colectivo.
El Proyecto debería ser aceptado por las instituciones públicas, ya que de otro modo se procedería a llevar el caso al Parlamento Europeo, puesto que la Unión Europea acepta que la comadrona es una profesional distinta de la enfermera, y la formación específica es obligatoria. Se podría recoger firmas a nivel nacional de los diversos colectivos en España: matronas, madres, enfermeras, médicos, etc., tanto para respaldar nuestro proyecto inicialmente como para llevarlo tan lejos como haga falta.
Sería importante evaluar cómo los sindicatos nos pueden apoyar tras el cambio para crear nuevos esquemas de actuación. Igualmente, convendría disponer de una base de datos de información recopilada a través de una encuesta a nivel nacional en la que las matronas pudieran expresar tanto opiniones personales como referencias laborales: qué les han enseñado, qué hacen y qué les gustaría hacer, el día a día del trabajo. Al mismo tiempo, sería muy útil mantener permanente contacto a través de internet creando foros profesionales y sitios virtuales de interés.
Como garantía de apoyo profesional, se crearía la figura de la supervisora de comadronas, cuya función no tiene nada que ver con la de la supervisora de planta que conocemos. Sería una profesional con experiencia que “supervisa” a un número limitado de comadronas recién tituladas o con menos experiencia, aunque no necesariamente trabajando en el mismo lugar. Sería como una guía profesional con las que se reuniría periódicamente para discutir problemas al tiempo que representaría el papel de mediadora entre la comadrona “tutelada” y el sistema sanitario y universitario por un lado, y el programa de reciclaje, por otro. La supervisora también lleva un control del trabajo realizado por “sus” comadronas asegurándose de que están prestando los servicios adecuados y cumpliendo con su rol. Además, representa legalmente a la comadrona en caso necesario. Creemos que es una figura muy importante para mantener la unión entre profesionales y muy necesaria para estos comienzos (o recomienzos). Por experiencia, sabemos que en Reino Unido este sistema cuenta con una gran aceptación (ver NMC, 2004).
Una vez que hayamos conseguido la independencia, tendremos a una matrona presidenta del Colegio Oficial de Matronas que nos represente y defienda. Ya no podrá haber una enfermera como supervisora de sala de partos, sino que por ley deberá ser una matrona. Ninguna enfermera podría ser superior en cargo jerárquico a ninguna comadrona, por muy jefa de servicio que fuera, ya que perteneceríamos a colectivos profesionales distintos. Un pediatra no supervisa al ginecólogo; en nuestro caso, sería igual. En cada centro habría, entonces, una representante matrona cualificada y colegiada. Tampoco se podría permitir más que las enfermeras asumieran tareas de atención a la mujer antes, durante o después del parto. El intrusismo de enfermeras y/o médicos sería descrito y, en su caso, sancionado.
Una vez establecido el Colegio de Matronas, se decide la adecuada formación que deseamos que las futuras profesionales reciban en base a un nuevo programa de estudios. Como organización independiente, las negociaciones referentes al aumento de número de matronas en los centros y de plazas de formación a ofertar se entablarían directamente con los Ministerios de Sanidad y Educación.
A partir de ese momento, el número de matronas aumentaría y seríamos un colectivo con voz y voto que empezaría a recuperar el terreno perdido a los médicos el siglo pasado.
Tenemos el apoyo de la Unión Europea, y crearíamos nuestros propios protocolos de atención a la mujer, independientes de los de la SEGO, aunque coordinados. Las mujeres recibirían una atención más digna y basada en la evidencia científica. Las mujeres decidirían el tipo de atención que desean recibir, pasando a ser las protagonistas de los cuidados. Este tipo de atención obstétrica disminuye considerablemente el gasto sanitario, ya que la labor de la comadrona en atención primaria e intraparto reduce la necesidad de analgesia y anestesia, intervenciones y material hospitalario, profesionales cuya actividad resulta muy cara, como anestesistas y médicos, instalaciones hospitalarias y cirugía mayor innecesaria.
La calidad asistencial habrá aumentado y cumplirá la norma europea. Las comadronas tendrán la posibilidad de investigar, subvencionadas por los centros de trabajo y las universidades y seremos un modelo a seguir por otros países.
Quizás esto parezca sólo un sueño o, mejor aún, una visión de futuro en España para la profesión más antigua del mundo, que esperamos ver renovada en los próximos años. Sabemos que el cambio es inevitable, pero la dirección que tome dependerá de nuestro esfuerzo.
¡Arriba las comadronas!
Agradecemos la colaboración de Rafael Andrés Perales por el soporte técnico y de investigación y por su apoyo, sin el cual este trabajo no hubiera sido posible.
Gracias a Concepción Marcos Belda, a Inma Marcos Marcos y a otras tantas comadronas españolas que han compartido sus experiencias a los largo de estos años.
Gracias por vuestro apoyo y participación.
Mireia Marcos Marcos es estudiante de comadrona en Birmingham.
Carina López Ballester es comadrona en Londres.
Noviembre 2004
BIBLIOGRAFÍA
Fraser D, Cooper M, (2003) Myles textbook for Midwives, Churchill Livingstone, London
Isabel Fernández del Castillo (1990) La revolución del Nacimiento, ed. EDAF
Leap N; Anderson T (2004). The role of pain in normal birth and the empowerment of women.In: Downe S ed. Normal childbirth: evidence and debate. Oxford: Churchill Livingstone
NMC Nursing and Midwifery Council, Midwives rules and standards, 2004, London.
Towler J, Comadronas en la Historia y en la Sociedad, Masson, Barcelona, 1997
Yerby M, (2000) Pain in Childbearing, key issues in management, Ballière Tindall, London
Sección de parto natural, estado internacional, expone cómo es la atención al parto endiferentes países. http://www.holistika.net/amplia_tu_vision/