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HISTORIA DE LA PROFESIÓN


¿Qué pasó con las Comadronas Españolas en el Siglo XX?

Al igual que en el resto de Europa, durante milenios, hasta llegar a la Revolución Industrial, los nacimientos eran atendidos por otras mujeres, amigas, madres, mujeres con experiencia. Algunas de ellas se dedicaban a ello por vocación, otras como oficio remunerado, transmitiendo su sabiduría generación tras generación de forma oral. Aquellas comadronas sabían qué hacer cuando algo no iba bien, cuando ocurría una emergencia, pero tenían recursos limitados. No estaba permitido que las mujeres estudiaran y menos aún que escribieran. Nadie habría permitido que se imprimiera un libro escrito por una mujer aunque hubiera servido para salvar muchas vidas. La única forma de aprender era trabajando junto a una comadrona experimentada y observar. Los médicos no tenían ningún interés por ese tipo de cosas, embarazos, partos, sexualidad, bebés… todo aquello era cosa de mujeres. Existen casos excepcionales de hombres médico o cirujano barbero que ayudaban a las comadronas en dificultades, incluso disfrazándose de mujer para poder entrar en la habitación. Todas estas historias son descritas en este libro tan interesante:

Towler J, Comadronas en la Historia y en la Sociedad, Masson, Barcelona, 1997

En el siglo XIX en Europa la partería se empezó a regular requiriendo formación reconocida y licencia para ejercer. A su vez la medicina moderna se desarrollaba y ya había comenzado a manifestar un creciente interés por el parto, dada la mortalidad que rodeaba el evento, creando los fundamentos de la obstetricia.

 En el siglo XX en algunos países de Europa como Holanda, Noruega, Dinamarca, las Comadronas continuaron atendiendo a la mujer en casa como siempre habían hecho, pero ahora con formación universitaria y derecho a escribir e investigar. La ciencia les dio apoyo. A su vez los avances en medicina y tecnología permitieron mejorar los cuidados para las mujeres con problemas.

En España las comadronas recibían de uno a dos años de formación a principios de siglo XX, y eran totalmente independientes de las enfermeras. Al parecer la formación la recibían a manos de médicos, así que podemos asumir que para aquel entonces las comadronas habían perdido casi por completo la sabiduría transmitida oralmente de la que hablábamos al principio, si no fuera porque seguían atendiendo el parto en casa. Paulatinamente se requirió la presencia de la comadrona en los hospitales y clínicas, en los que comenzaron a trabajar junto al médico. Por supuesto, implicando la subordinación a éste.

¿Cómo acabamos siendo enfermeras especializadas en menos de medio siglo después de miles de años siendo comadronas?

 Ya en 1957 se había unificado la formación de ATS, y las matronas tenían que ser enfermeras previamente, creando el cambio de las comadronas "puras" a las ATS que hacían un curso de un año para ser matronas. El colectivo se unificó para que se nivelara la titulación entre Matrona y ATS especializada.

En 1977 se unificaron las matronas y las enfermeras en una sola carrera universitaria. La falta de una organización de apoyo o de colegio profesional fue decisiva. De hecho, había colegio de matronas, y con la "unificación" se procedió a su clausura definitiva. Las matronas empezaron a asociarse por comunidades de forma privada, surgiendo las asociaciones de matronas: Asociación Nacional de Matronas, con sede en Madrid; Associació Catalana de Llevadores, Asociación Navarra de Matronas y así sucesivamente.
Algunas comadronas se rebelaron e intentaron impedirlo, incluso encerrándose físicamente en las instalaciones del colegio como protesta. Pero entonces respondieron con órdenes judiciales, se procedió a la clausura y se las ignoró completamente. En 1986 se interrumpió la formación de matronas.


Curiosamente se trataba de una unificación, pero en realidad fue una anulación. Sólo la enfermería sobrevivió. Y el colectivo médico no parecía muy molesto con que desaparecieran las matronas. Es más, empezaron a aparecer hornadas de estudiantes de ginecología, se abrieron plazas y más plazas de residentes para rellenar el hueco dejado por las matronas. El parto ya no era asunto de la comadrona, ahora era una enfermera más. Tampoco la responsabilidad sobre la mujer y el bebé.

Pocas comadronas continuaron con el oficio, y sólo en algunas áreas rurales. Se pasó al concepto de que ningún parto es normal hasta después del evento, y entonces no se da la oportunidad de que lo pueda llegar a ser. También se difundió la idea de que ya ninguna mujer estaba capacitada para soportar el terrible dolor de un parto, sin explicar (ni seguramente entender) que era la oxitocina sintética y la inmovilidad lo que hacía el dolor insoportable en la mayoría de los casos. Y como un círculo vicioso, como ya ningún parto es natural, sería impensable dejar a una mujer parir sin intervenciones.

Ya no sabemos cómo se hacía eso de mirar y esperar, hasta el punto de que muchas matronas de este siglo no han visto coronar y salir el bebé sin intervención (sin intervención significa sin tocar, si cortar, sin poner líquidos antisépticos, sin apretarle la barriga, sin decirle a la mujer que empuje, sin ponerla boca arriba) y sin desgarros en toda su carrera profesional.

En 1991 se celebró el I Congreso Internacional de las Sages Femmes en Bruselas. Se presentaron los planes de formación de comadronas de cada país europeo, y España quedó en ridículo exponiendo un panel desolado. Aquello fue la revolución: comadronas y mujeres sabias de toda Europa emprendieron una campaña de recogida de firmas para apoyar a las españolas, se llevó el caso al Parlamento Europeo, y España recibió una multa considerable a pagar si no se abría la escuela de comadronas. Así fue como en 1992 salió el proyecto de formación de matronas respaldado por la ley.

Actualmente en España se forman alrededor de 300 matronas anualmente y  en otros países Europeos como Inglaterra, Bélgica, Francia, salen casi 100 españolas tituladas cada año que regresan a España en su mayoría al cabo de un tiempo.

A pesar de todo, en España la comadrona posee una titulación de enfermera especializada en ginecología y obstetricia, que se contradice con la definición de la Confederación Internacional de Matronas y de la OMS, ya que la ginecología no es campo de la comadrona sino del médico, y en cambio la atención de la mujer en embarazo, parto y puerperio son exclusivos de la comadrona (y no del médico), para lo cual no debería tener formación como enfermera, ya que se trata de una profesión bastante diferente; la mayor diferencia es que la enfermería implica subordinación al médico y no funciona sin la medicina, y la partería es independiente de la medicina.

Aunque parezca que están a punto de borrarnos del mapa, por suerte las madres españolas están reclamando una atención mejor, y son ellas las que están propulsando el cambio que hará que se recupere el arte y oficio de la comadrona.