EL DÍA QUE JANA NACIÓ

20/08/07

Poco antes de las 7 de la mañana me despierta un pequeño dolor que me cuesta reconocer como una contracción. Me levanto para ir al lavabo y vuelvo a tumbarme en la cama. Suena el despertador del Marc y Roc sigue durmiendo a mi lado.

Mientras  Marc se ducha y se prepara para ir a trabajar, me vienen algunas contracciones más, así que  cuando él viene a decirme adiós le pido que tenga el móvil a mano porque estoy teniendo algunos dolores.  Se marcha tranquilo y yo me vuelvo a levantar para ir a hacer otro pipí. Cuando me seco veo que estoy perdiendo el tapón mucoso, y decido mandar un mensaje a las comadronas para que estén atentas. Sé que el parto ha empezado y me alegro, tengo ganas que llegues.

Me siento en la pelota, las contracciones son leves y tengo la sensación de que vienen muy espaciadas, pero no cuento la frecuencia. Lo que deba ser, será. Decido trucar al Marc, porque sufro por si  Roc se despierta; él me contesta enseguida y viene hacia casa. Al poco rato, Roc se despierta y me llama asustado de no encontrarme a su lado.

Me dirijo al dormitorio y me lo siento en el regazo, mientras él va despertándose; me viene  una contracción y doy gracias por haber llamado a Marc, pasarla allí sentada con Roc en el regazo se me hace algo difícil.

Cuando llega  Marc, yo estoy sentada en la pelota charlando con  Roc; le explico que parece que has decidido nacer. Ando arriba y abajo por nuestro pequeño comedor-cocina y me tomo una infusión de hojas de frambueso, pensando que esto te ayudará a abrirte el camino por dentro de mí. Él cuenta las contracciones y las apunta en un papel, parece ser que son cada 5 minutos, pero no llegan al minuto de duración. Me siento tranquila, pero pienso que quizás deberian ser más largas. Llega Anna a las 9’30 y le pido que lo primero que limpie sea nuestra habitación, así podré encerrarme allí dentro a oscuras “para desconectar mi neocórtex” bromeo con  Marco, y los dos nos reímos.

Las contracciones son pequeñas oleadas que van y vienen, molestas pero placenteras al mismo tiempo. Pienso que pronto estarás entre mis brazos y la alegría me inunda. Las paso a oscuras completamente, cogida a las barandillas de la cama de Roc, mientras emito unos sonidos como mantras liberadores.

Nuestros dos hombres han decidido marcharse a dejar el coche al mecánico y yo me alegro. Tengo ganas de estar sola, me dan un beso y marchan dejando el número de móvil apuntado por si Anna tiene que llamarlos. Tú y yo seguimos trabajando para que mi cuerpo te abra las puertas. Decido llamar a Ester y le pido que venga, aunque no hace falta que corra. Apenas ha empezado el parto. Llama Mireia y le explico cómo está la cosa, pero noto q me cuesta concentrarme y se lo comento: “Parece que me haya fumado un porro” le digo.  Me responde que son las endorfinas, que empiezan a hacer efecto. Le digo que esté tranquila, que tengo la sensación de que apenas empezamos, porque las contracciones son muy soportables.

Cuando Marc y Roc llegan, entran a verme dentro de mi refugio y decidimos pedir a los abuelos que  vengan a buscar a Roc, puesto que él ha vuelto a insistir que no quiere estar en casa para verte salir. Le digo a Marc que tengo ganas que Anna se marche, y él le pide que en cuanto haya limpiado el comedor se vaya.

Sigo encerrada dentro de la habitación completamente a oscuras. No soy consciente de cuánto rato hace que estoy allí dentro, ni de la frecuencia con la que llegan las oleadas. Ha llegado Ester, pero no tengo ganas de ver a nadie, así que sigo encerrada en mi cueva. Siento como llegan los abuelos, también; pero mis mantras son más importantes. Las contracciones son muy soportables y ya las sé anticipar, empiezan como una presión al culo y suben hasta la barriga, asi que si llega una cuando estoy lejos de las barandillas, corro por poderme coger. Las acompaño del verbo “Ábrete”; lo repito en cada contracción.

 Roc se marcha y Marc me viene a ver y me pregunta si las contracciones me duelen mucho. Le contesto que algo, pero nada comparado con lo que tiene que venir; así que vuelve al comedor con Ester.

De repente, en una contracción siento ganas de empujar  y un ruido extraño dentro mío. Plop! Y el líquido resbala piernas abajo. Exclamo para mí misma: “Me parece que me he hecho pipí”, pero Ester que aparece silenciosa a mi lado me dice que son las aguas, se las mira y me explica que son completamente transparentes. Le pido para ducharme. Me siento mojada y no me gusta, entonces me pongo a la ducha. Siento a Ester de lejos que me dice algo sobre la frecuencia de las contracciones y que lo estoy haciendo muy bien; pero pienso que me lo dice para animarme. Todavía queda rato. Han llamado a Mireia y está de camino, tengo ganas que llegue pero estoy convencida de que me dirá que estoy dilatada de unos 3 o 4 cm, 5 con mucha suerte.

Las contracciones se vuelven muy y muy dolorosas, grito con mucha fuerza y abro la boca pensando que quizás esto ayudará a que se abra tu puerta. Me entran ganas de ir al lavabo y me siento, pero allí sentada me llega una oleada enorme que me duele muchísimo, me levanto y grito con fuerza. De repente me doy cuenta que estas aquí, pidiéndome para salir y asustada grito: “Es la niña! Es la niña!”. Ester me dice que no puede ser y yo me pongo a cuatro patas encima de la cama. Llaman a Mireia, pero no sé que dicen. Pido por ella con insistencia; sé que quieres salir y que saldrás aunque  yo te pida que esperes. Has decidido que hoy, 20 de agosto de 2007 es tu día.

De repente, Ester me pide para tocarme y al hacerlo noto cómo mi vulva se ha abierto y que tú estas allí, me molesta y le grito que no me toque. Me pide que me toque yo, pero no quiero, me da cosa. Mi mano se levanta y cuando te palpo la cabeza vuelvo a gritar: ”Es ella! Es ella!”. Ester me pide que no empuje y yo siento como tu cabeza pequeña me atraviesa, una vez la tienes fuera me siento liberada. De golpe, mi cuerpo empuja y tú resbalas hacia casa desde dentro de mi. Mireia no ha llegado.

Unidas por el cordón, levanto la pierna y Marc, que te tenía en brazos  te me entrega. Eres pequeña y tibia. Lloras con fuerza y yo te abrazo y nos tumbamos en la cama. No tienes cabellos. Y cuando dejas de llorar abres unos ojos grandes hacia mí. Ahora, sólo nos falta que llegue Mireia. Me siento llena y feliz, yo te he  parido, encima de nuestra cama y tú has nacido en los brazos de tu padre.

Alba Dalmases

Versión del padre: Jana by Marc

Nota: Alba Dalmases relata su primer parto en el reportaje del programa de Línea 900 del 2005: "Los Dolores del Parto", que podéis bajaros de la web de EPEN.