JANA BY MARC
20 de agosto de 2007
Bip-bip, bip-bip, bip-bip!! Bah! Eran las 7:10 de nuevo, después de un buen fin de semana, de vuelta al trabajo. Como puedo, con los ojos pegados por mi inseparable conjuntivitis, llego hasta la ducha y me dejo mojar por el agua tibia que me despierta algo. Con los ojos algo rehechos y tras vestirme, saco a Juno a la calle para sus quehaceres matutinos. Al volver y antes de marcharme a trabajar, Alba se adelanta a mis preguntas con un: “Hoy ten el teléfono localizado...porqué..he tenido alguna contracción.”. Seme hizo un nudo en la garganta, pero conseguí calmarlo, no se si por el sueño que tenía, o porque no me hacía a la idea que la fiesta pudiera empezar entonces. Pues parecía que si, que había empezado. En el trabajo, tuve el tiempo justo de saludar a dos compañeros, poner en marcha el ordenador, y poner los 30 céntimos que vale el cortado corrosivo de las máquinas. Me sonó el teléfono, y al otro lado, Alba me pedia que volviera a casa, que le iría muy bien! ”Ua!!! La jornada laboral ideal” pensé...pero...todavía me esperaba una buena faena en casa. Cuando llegué, Roc se acababa de levantar y estaban mirando la TV, buena señal, por el momento la cosa no estaba muy adelantada. Alba me puso en antecedentes; había enviado un mensaje a Mireia, Ester también estaba informada, y sólo nos faltaba esperar. Durante la espera, aprovechamos para...contar contracciones! Primero con Alba sentada en la pelota de dilatación, después mientras paseaba arriba y abajo por el comedor...”Tranquila, son cada 5 minutos clavados, y no llegan al minuto de duración”. Creímos conveniente avisar a nuestros padres, para que al menos supieran que habia que estar preparados, y hacerse a la idea de posibles movilizaciones. Roc, seguía con las ideas claras, él quería ir con la “iaia Montse”, no quería ver salir a Jana. Yo seguía anotando las contracciones, hasta que Alba desapareció en su “cueva”. Aleccionado como estaba yo, decidí no entorpecerla, y dejé de anotar el ritmo de las oleadas, (es así como ella las describe) y sólo de vez en cuando, me acercaba a la puerta de la habitación, para intentar conocer su estado en base a sus ruidos y gemidos. A las diez y media decidí llevarme a Roc y a Juno al mecánico, (buen dia para quedarse sin coche) y dejar que Alba siguiera su ritmo de desconexión ...era evidente que la cuenta atrás había empezado. Ya en el mecánico, que por cierto me entretuvo más de la cuenta, me llamó Ester para que le diera indicaciones de como llegar a casa, ya que enseguida se ponía en marcha. Cuando me cogieron el coche, hice la vuelta a casa casi volando. Roc iba el el cochecito medio despeinado por el viento, bien agarrado, y Juno arrastrada por mis ansias de volver a casa lo antes posible. Llegamos y todo seguía más o menos igual...”esto está bien, no m’he perdido nada”, pensé. Mientras, Ana seguía limpiando la casa, ya informada de lo que iba a suceder, y ya haviamos avisado a mis padres para que vinieran a por Roc y Juno. Ester no tardó en llegar, y tras preocuparse por como estavamos Alba y yo, le enseñé la casa, dónde teniamos preparadas las cosas, y empezó a organizarlo todo , a hervir hierbas, y básicamente a tenerlo todo a la vista para luego no tener que correr sin saber dónde estaba nada. Yo la observaba...me habían hablado mucho del trabajo de doula, pero no lo había visto “in situ”. En 5 minutos tuvo controlada la casa, y tenía tiempo para jugar con Roc y poner la oreja para escuchar los ruidos provenientes de “la cueva” . Mis padres no tardaron en llegar, ya debían de sobre las 13:15. Ya llevabamos toda la mañana, y la idea era que nos quedaba una larga jornada de parto. Acompañé a mis padres, a Roc y Juno al coche, para poner la sillita, y me fue bien algo de aire...pero mi lugar estaba en casa, y además, me alegré que se llevaran a Roc...se estaba poniendo algo nervioso, y Alba lo estaba sufriendo. Creo que este fue un punto clave. Alba se liberó, y parecía que los gemidos de cada contracción ya no se ahogaban a media garganta, sino que ahora afloraban sin miedo, dispuestos a cumplir su cometido. Ester me avisó que seguramente se acelerarían las cosas, y la verdad es que así fue. Tuvimos tiempo de poner el plástico en el sofá por si Alba decidía cambiar de lugar predilecto, puse una bolsa de basura en la ventana para intentar tapar algo más de luz de la que tapaban las cortinas recientemente estrenadas para la ocasión, y hablé con Mireia para tenerla informada de los avances: “Las contracciones son regulares, cada 5 minutos, y no duran ni un minuto...el Roc ya ha marchado”. Me comentó que ya estaba alerta, y recalcó que la llamasemos por cualquier cosa... Dejamos pasar un rato más, mientras Ester iba haciendo sigilosas visitas a Alba para escuchar sus gemidos; estaba desnuda, en la habitación, y aferrándose a la cama de Roc con cada contracción. Mientras estaba hablando con un amigo por teléfono, que se interesaba por la evolución del parto, Ester me sobresaltó avisándome que Alba acavaba de romper aguas! La sensación había sido “de pipi”, pero fue una rotura de aguas en toda regla. Quedé tranquilo cuando Ester me dijo que eran aguas muy limpias...pero me estresé un poco, puesto que esto significaba subir un escalón más. Fui a ver qué cara tenia Alba con la ducha que estaba tomando y así hacerme una idea de como estaba; tenía el rostro desencajado del dolor de una contracción, y sus gritos me herían el alma al saber que no podía hacer nada, pero me seguí quedando “al margen”. Espoleado por Ester, volví a llamar a Mireia y la puse al corriente de todo! “30 minutos y estoy aquí”, fueron sus palabras.Los 30 minutos siguientes dieron mucho de sí! Ya habían pasado unos 5 o 10 (mi noción del tiempo se volvió inestable), cuando Alba comentó que tenía ganas de empujar! Llamé de nuevo a Mireia, y nos hizo transmitirle a Alba que intentara no empujar, y que si tenia que hacerlo, lo hiciera suave, y que buscara una posición cómoda para ella...ah, y otro pequeño detalle, QUE SI SALÍA LA NIÑA...LA TAPARA BIEN, Y SE LA PUSIERA ENCIMA!!!! A priori, asentí el comentario, pero a medida que mis dos neuronas lo asimilaron, empezaron a atropellarse entre sí. A partir de aquí fue un seguicio de idas y venidas, sentía a Alba que tenía ganas de ir al lavabo...y cuando fue, sentí un clamoróso: “ESTA AQUÍ!!! ESTER, ES LA NIÑA!!”. Dirigiéndose hacia “la cueva” de nuevo, lanzó un grito de socorro, que me puso firmes las neuronas, y me hizo sentir importante en aquel momento, rasgó un “MARC!!!!!” bien fuerte, y enseguida me tuvo a su lado. Ella seguía repitiendo que la niña estaba allí, y que era ella, y que ya estaba allí, y que dónde estaba Mireia. Cansados de decirle siempre que Mireia ya venía, volvimos a llamarla, y efectivamente venía...pero por lo que parecía, y por la cara que me puso Ester, no llegaria a tiempo...Lo reconozco, tuve 15 segundos de lapsus, y hacía falta actuar. Aquí cogió las riendas Ester, y vía telefónica, relataba a Mireia la situación que viviamos...la cabeza de la niña aflorando, Alba a cuatro patas en la cama, y ella y yo atendiendo el parto. No nos quedaba otra alternativa que acabar el parto telefonicamente. Yo aproveché los instantes de conversación para abrazar a Alba, y recalcarle que lo estaba haciendo fantasticamente, que era una campeona...ella no se acuerda, pero en aquel momento y quizás por el estress, derramé la primera lágrima. En una de las contracciones, la cabeza salió del todo, y Mireia nos indicó esperar a la siguiente, mientras Ester intentaba averiguar si había vuelta de cordón...no había (BIEN). La siguiente contracción fue cosa de segundos, no se hizo esperar...y Jana salió de golpe, reluciente y deslizante, yendo a parar a manos de Ester. Cuando Jana arrancó el llanto, cosa de 5-7 segundos, me la pasó...yo no podía reprimir las lágrimas, y entre todos intentamos resolver el puzzle que teniem entre Alba de cuatro patas, yo con la niña en las manos y Jana unida al cordón. Lo conseguimos, y pudimos darle a su madre el premio que se merecía, tenerla en sus brazos al fin. Lo había hecho, lo había hecho ella sola, y lo había hecho fantasticamente, no me canso de repetirselo. Unos 10 minutos más tarde, llegó Mireia...y me sorprendió su serenidad. Me sorprendió positivamente, porque denotaba que ella estaba tranquila con el trabajo que haviamos hecho los improvisados comadrones...y eso me reconfortó de nuevo. Tras las comprobaciones pertinentes...me dejó cortar el cordón, y devolvimos a Jana al pecho de su madre. Realmente fue una experiencia inigualable. Imágenes de las que te quedan grabadas a la retina. Por eso, me alegro que Mireia no llegara a tiempo...pero por otro lado, los nervios de ver que no llegaba y la niña ya salía...fueron brutales, y si pude soportarlo...fue por la tremenda labor que hizo Ester, dándome calma y serenidad cuando hacía falta, y haciéndome espavilar cuando hacía falta. Ahora se realmente qué hace una doula! GRACIES Ester! EL DÍA QUE JANA NACIÓ 20/08/07 (versión Alba Dalmases)
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